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07/07/2022 - Categoría: Café de especialidad

El origen y la historia de las cafeterías

El origen y la historia de las cafeterías

Probablemente, una de las actividades sociales más comunes es la de “ir a tomarse un café”, que viene a significar quedar con amigos o familia en un local para tomar efectivamente café, o cualquier otra bebida.
Pero sin duda, el café y el hecho de salir a tomarlo ya está en nuestro vocabulario, con frases como “Tomamos un café y lo hablamos”, y todas ellas conllevan una acción más allá de la de beber esta infusión.
Y al igual que no le damos muchas vueltas a esto, tampoco se la damos a la existencia de las cafeterías. Están ahí desde siempre, y no es lo más común el plantearse su origen.
¿Cómo empezaron estos negocios? ¿Y por qué específicamente con café como principal atractivo?
Sigue leyendo, y te enterarás de todo lo que necesitas saber.

Las cafeterías en la época moderna
A día de hoy, las cafeterías son locales de reunión y ocio, para pasar tiempo con los amigos o familia, pero no hace tanto, se trataba de locales en los que los mayores intelectuales de la época se reunían para discutir sobre todo tipo de temas.
Sin ir mucho más lejos, en España ya por el 1888 existían locales como el Café Gijón, o unos años después, el Café Fornos, también en Madrid, o el clásico Café Novelty de Salamanca, que abrió sus puertas en 1905.
De hecho, la primera cafetería de la que se tiene registro en nuestro país es La Fonda de San Sebastián, en la capital, que abrió en 1764, en la calle Atocha. Y desde ahí, este negocio fue proliferando por todo el país, contando hasta 23 cafeterías en 1802 tan solo en ciudades como Cádiz, dónde se juntaban los pensadores más liberales de la época.
Aun así, muchos otros países aprovecharon el próspero negocio del café antes que nosotros.
En Londres, ya existían más de 2000 cafeterías en el siglo XVIII, dónde la gente acudía a discutir la política y otros temas de la actualidad, e incluso algunas de estas acabarían cambiando el rumbo del país.
Francia también se adelantó con este negocio cafetero, y ya en 1686 abrió su primera cafetería, el Café Procope, donde se originó el café más moderno, pues empezaron a usar el café molido con agua hirviendo, evitando los posos a través de un filtro.
El peso de las cafeterías era tal en aquella época, que incluso Bach compuso la cantata del café en una cafetería. Esta composición del artista nos habla de una chica que pide a su padre que, incluso si se casa, su marido debe permitirle beber todo el café que desee, y de ser castigada, lo único que le pide al progenitor que no le quite, es el café.
Y todo suena muy bien, hasta que nos acercamos a países como Rusia, en el cual se prohibió completamente la venta de café, con penas de tortura e incluso muerte. Además, aprovechaban para cargarle a esta bebida todos los casos de crisis nerviosa, generando así todavía más miedo al consumo de café.
Sin embargo, aunque las cafeterías ya estaban asentadas en estos tiempos, para descubrir su origen debemos remontarnos aún más atrás.

La llegada del café a Europa

Ya sabemos que el café no es una bebida autóctona de Europa, y aunque hoy es fácil de conseguir, en el pasado no lo era. La primera noción que se tuvo en este continente de la bebida de café, aparece en 1582, de manos de Leonhard Wauwolf, un médico alemán que viajo por más de diez años por Oriente Medio, y del que se dice que es el primer occidental en describir esta amarga bebida, dándole propiedades medicinales, especialmente en temas estomacales, y describiendo su oscuro color.
Aunque el café llegó a Venecia en 1615, no fue hasta un año después cuando los holandeses consiguieron traer no solo el grano de café, si no un cafeto, y lograron que creciese y prosperase.
Hasta ese momento era complicado conseguir café en Europa, ya que Persia, Egipto y todas las zonas donde comenzó la cultura del café, solo vendían los granos, y era imposible cultivarlos, ya que estos se quedan infértiles una vez se quita la capa exterior de la cereza de café.
Así pues, los holandeses comenzaron a cultivar el café en la India, y alrededor de 1703, comenzaron a exportar café desde Batavia, siendo los principales suministradores de café para Europa.
Pero para que el café pudiera consumirse en Europa, tendría que superar otra barrera más…

Café VS Religión

Cuando el café por fin llega a Europa, continente dominado en aquel entonces por la religión cristiana, cualquier producto que la gente fuera a consumir, tanto textos, como comidas o bebidas que venían del exterior, debían ser estudiadas y aprobadas por el papa.
De esta forma, la papeleta de si el consumo y comercio de café debía prohibirse recayó en el papa Clemente VIII. Sus consejeros le decían que era una bebida adictiva, y que representaba una terrible amenaza, pues arrastraría a la gente al camino de los infieles. Pero por mucho que estos consejeros malmetieron en contra de las semillas de café, no pudieron convencer a Celemente VIII una vez probó la deliciosa bebida.
Tanto fue así, que en el edicto en el que proclamó la aprobación del café dijo que sería una lástima que solo los infieles pudiesen tener el placer de degustar tan deliciosa bebida.
Pero por mucha aprobación que el papa le diese a esta bebida, no eran pocos los detractores de esta decisión, y muchos sacerdotes seguían proclamando que era un invento del demonio, y llegaban a decir que venía a sustituir el vino, y esto era un sacrilegio, ya que el vino era la sangre de cristo.
Y aunque este sector de la cristiandad opinaba así, lo cierto es que los monjes aceptaron el café como un regalo de Dios, ya que, tras beberlo, sentían energía en su cuerpo, y podían continuar con sus interminables jornadas, y decían que limpiaba su espíritu para poder encomendárselo al Señor.
Con la primera barrera superada, y aún con el beneplácito de su santidad, varios sectores de comerciantes protestantes todavía tenían sus dudas. Aunque no estaba tan mal visto como el tabaco, en algunas zonas de Alemania, algunas de las personas más ricas consiguieron implementar un plan de acción para prohibir la venta de café.
Y su plan funcionó por más de 100 años, evitando la llegada de esta bebida al norte y este del país, hasta que, Federico II de Prusia levantó estas prohibiciones, no sin antes asegurarse de que tanto la comercialización del café como su cultivo tendrían altas tasas de impuestos, manteniendo esa mala sensación con el café hasta muchos años después.

La venta de café en Europa

Con la barrera religiosa superada, y los comerciantes esquivados a regañadientes, se comenzó a vender el café en el viejo continente. Pero todavía no existían lo que a día de hoy conocemos como cafeterías, por lo que la bebida se vendía en puestos callejeros a modo de remedio medicinal.
En el Reino Unido, por ejemplo, ya se importaba el café desde 1650, y era muy popular y consumida, tanto es así, que dos años después, se abrió la primera cafetería en Londres.
También en Londres, nace la aseguradora Lloyd’s, en 1688, una de las más famosas a nivel mundial. Y concretamente, la sede londinense comenzó a funcionar como punto de venta de café, haciendo más ameno el trabajo de registro de embarcaciones y pasajeros a los que aseguraban.
Pero lo que realmente se podría considerar cafetería como tal, apareció en Venecia, el famosísimo Caffé Florian, que abrió el negoció en 1720 y sigue abierto aún a día de hoy.
Y es en este tipo de cafeterías donde comienzan las reuniones de mentes liberales, pues además de ser lugares de reunión en general, era común encontrarse con filósofos y gente estudiada, que además de debatir y compartir ideas y opiniones, hacían publicidad de sus tertulias, llegando a llevar incluso panfletos con los datos del evento.
Pero estas ideas liberales llevaban a mayor presión de los altos cargos, llegando al punto de que el fiscal de Carlos II de Inglaterra cerró todos los comercios que se dedicaban a la distribución y venta de café. Sin embargo, este cierre duró poco, pues debido a las revueltas que se organizaron, decidieron revocarlo poco después.
La cuestión es, que este tipo de locales donde las mentes pensadoras se juntaban con la gente de a pie, que se reunían para disfrutar de una taza de café, tiene un origen anterior, y como el café, viene de las zonas de Oriente.
Las cafeterías originales: Kahwe Khane

Estos primeros establecimientos en los que se vendía café, aparecieron alrededor de 1510 en las grandes urbes de La Meca y El Cairo, debido a la popularización de la bebida.
Los llamados Kahwe Khane eran unos locales en los que la gente se juntaba con conocidos, amigos o familiares, y en los que pasaban el tiempo charlando, debatiendo o jugando una partida de ajedrez mientras tomaban una taza de café.
Este tipo de cafeterías primigeneas estaban decorados con todo tipo de adornos y detalles, y era imposible encontrar dos que se pareciesen lo más mínimo, ya que los dueños de los Kahwe Khane se aseguraban de darles su personalidad para poder destacar contra la competencia.
Y fue gracias a estos detalles y al café que se volvieron tremendamente populares, extendiendo este negocio por todo el mundo árabe.
El impacto social de estos locales, en los que la vida social y las reuniones de negocios tenían cabida de forma más distendida acompañados de una taza de café, no habían existido anteriormente, y fueron un absoluto éxito. Tanto es así que nació uno de los más prósperos negocios de la historia de la humanidad: Las cafeterías.
Pero lo que rápido viene, rápido se va, y cuando estas reuniones distendidas comenzaron a tornarse intensas, con temas relacionados a la religión y la política, la gente comenzó a abandonar estos locales, y muchos cerraron.
Los Kahwe Khane y su cierre

Además de estos debates intensos, tanto los imanes ortodoxos como conservadores no apoyaban mucho el café, llegando a dar mítines y charlas acerca de cómo esta bebida estimulaba la mente, defendiendo que el Corán prohibía el consumo de café, al igual que el vino o el hachís.
Tanto fue así, que, en 1511, el gobernador de La Meca, Khair Bey, prohibió completamente el consumo de café y obligó al cierre de absolutamente todas las cafeterías. Y aunque todo parecía ya perdido para estos establecimientos de venta de café, una luz al final del túnel apareció.
El Sultán de El Cairo, que todavía estaba por encima del gobernador Khair Bey, resultó ser un gran aficionado al café, y levanto las restricciones permitiendo el consumo de café en su ciudad.
Al final, por unas y por otras, los Kahwe Khane fueron recibiendo ordenes de cierre y apertura a lo largo de las siguientes décadas, hasta que finalmente, surgió una idea que mantendría abiertos estos locales definitivamente. Una idea que resultó brillante para unos, y no tan buena para otros… Los Kahwe Khane tendrían que pagar unas tasas de impuestos.
Sea como fuere, al final en 1630 había más de mil establecimientos de café en El Cairo, demostrando que ni los discursos religiosos podrían frenar el fervor de la población por esta bebida.
El café generó tantísimo entusiasmo que, en Turquía, llegó a promulgarse una ley en la que una mujer podría separarse y divorciarse de su marido si este no era capaz de proporcionar una cantidad mínima de café al día, una cantidad que habría sido estipulada antes del casamiento.
Y esto nos lleva al punto final… esa bebida que suscita tantas emociones, el café.
¿De dónde viene? ¿Cómo llegaron a deducir que era comestible? ¿Cómo empezaron a aprovechar sus propiedades excitantes?
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